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Las ciudades y los ciudadanos
y de qué trata...
"El viaje lleva a la ciudad de Tamara. Un hombre se adentra por calles llenas de enseñas que sobresalen de las paredes. El ojo no ve cosas sino figuras de cosas que significan otras cosas: las tenazas indican la casa del dentista; la jarra, la taberna; las alabardas el cuerpo de guardia; las balanzas, la verdulería. Estatuas y escudos representan leones, delfines, torres, estrellas: signo que alguna cosa -quien sabe qué- tiene por signo un león, un delfín, o bien una torre o una estrella. Otras señales nos advierten de lo que en un lugar es prohibido -entrar en una callejuela con carros, orinar detrás del quiosco- y de lo que es lícito. Desde la puerta de los templos se ven las estatuas de los reyes, representados con sus atributos. Si un edificio no lleva ninguna enseña o figura, su misma forma y el lugar que ocupa en el orden de la ciudad bastan para indicar su función: el palacio real, la carcel, el zoco, la escuela pitagórica, el burdel. La mirada recorre las calles como si fueran páginas escritas: la ciudad dice todo lo que has de pensar, te hace repetir su discurso, y mientras crees que visitas Tamara lo único que haces es registrar los nombres con los cuales se definen ella misma y todas sus partes. Cómo es verdaderamente la ciudad bajo este envoltorio de signos, qué contiene o esconde, el hombre sale de Tamara sin saberlo." (Italo CALVINO, La ciudad invisible)
"Alguien dijo que había ciudades para soñar al otro lado de las montañas. No dijo si estaban suspendidas en el aire, sumergidas en las lagunas, o perdidas en el corazón del bosque. Los que allá fueron nada encontraron, ni altas torres ni jardines ni mujeres hilando en el atrio, ni un muchacho aprendiendo a tocar la gaita. Solo yo traje algo para seguir soñando algo visto y no visto en la niebla de la mañana, algo que era una flor o un mirlo de oro o un pie descalzo de mujer, un sueño de otro que se ponía a dormir en mi, echado en mis ojos, pidiéndome que lo soñase mas allá de las montañas, donde no hay ciudades para soñar. Y ahora mi oficio es soñar, y no se si soy yo quien sueño, o es que por mi sueñan campos, miradas azules, palomas que juegan con un niño, o una mano pequeña y fría que me acaricia el corazón." (Alvaro Cunqueiro, Al otro lado de las montañas)
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Concha
Doncel online by Concha Doncel agosto 2002
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