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La cultura difusa
...y de que trata ...
"En todo caso, el resumen de nuestra película podría ser: Ciertos griegos, echándose atrás o fuera -o delante- de su realidad personal, y saltando desde las palabras diarias, descubrieron el mundo del pensamiento más puro, de las ideas universales, al parecer no necesitadas de que existieran cosas ni de que hubiera palabras para decirlas. Para eso había que dejar a un lado, por lo que toca al hombre mismo, nada menos que su cuerpo, y así se hizo, viéndolo como una suerte de cárcel, donde el espíritu se alojaba transitoriamente y de mala gana. Superado así el "escándalo del cuerpo", vendría otro escándalo: el del Cristianismo, en que se hablaba de que el mismísimo Dios tomaría partido por el cuerpo -por la "carne", incluso-, por la Palabra y por el individuo, cada individuo insustituible e indecible en términos abstractos y genéricos. Ese escándalo fue acallado con la gran componenda de la teología, y, por fin, quedó atrás, privado de interés, desde que la vida cultural dejó de dar por supuesto el Cristianismo. En efecto, desde el siglo XVII, el intelecto abstracto campa por sus respetos hasta llegar a su totalización en el XIX, con Hegel, en cuya mentalidad y dialecto sigue viviendo la cultura de hoy, se sepa o no, se quiera o no. La razón, flexible y astutamente totalitaria, lo absorbe todo como parte de su proceso lógico de desarrollo interno. Y en la medida en que los hechos no se ajusten a esa lógica, y el hombre sufra "márgenes de error" en el desarrollo histórico, tanto peor para los hechos y el hombre: eso quiere decir que no son bastante "reales" ( = "lógicos").
La inevitable crisis de tal pretensión absoluta -todavía dominante y oficial- coincide hoy día con otro escándalo, en pleno desarrollo todavía, para el intelecto puro: el "escándalo del lenguaje", el caer en la cuenta de algo que parecía no haberse hecho consciente antes a fuerza de perogrullesco, el hecho de que el pensamiento sólo se puede dar en forma de lenguaje, en un proceso -tan inexplicado en su origen como trivial y aun ridículo en su realización- de marcha de la mente dentro de la gramática de una lengua, en la que se insertan y llegan a ser algo las palabras y palabritas.
Pero [...] el hombre sigue siendo alguien que habla, que narra, que vacila entre el bien y el mal, que espera, ama y tal vez cree... El intelecto puro, el órgano de las ideas y sus relaciones formales, no ceja en su irrenunciable pretensión de dar razón, en términos análogos, de lo matemático y de lo moral, del Ser más abstracto y de la vida humana, sin desalentarse por dos milenios y medio de intentos [...] Por eso, la gran tendencia formalizadora de la civilización actual puede verse, en cierto modo, como una rebelión contra el lenguaje, que es también un rebelión contra el limitado y concreto ser del hombre.
Al final [...] nos limitamos a esbozar nuestra situación actual, sin ofrecer profecías de salvación ni fórmulas de vuelta a empezar. Y, sin embargo, hubiera sido muy tentador proponer la palabra poética, al modo heideggeriano, como fuente de nueva vitalidad espiritual, pero la verdad es que la actual voz literaria -lo que, de modo nefastamente significativo, es moda llamar "escritura"- parece corroída desde dentro por una autoironía que la reduce a collage de referencias y citas, cuando no a "discurso sobre el discurso". A pesar de todo, no sacamos ninguna consecuencia pesimista ni optimista hacia el porvenir de la mente y la palabra, limitándonos a invocar la coplilla machadiana:
Confiamos
en que no será verdad
nada de lo que pensamos.
(José María Valverde, pròlogo de Vida y muerte de las ideas)
Concha
Doncel online by Concha Doncel agosto 2002
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